HOMENAJE AL RESTAURANTE-BODEGÓN EL PIMPI

HOMENAJE AL RESTAURANTE-BODEGÓN EL PIMPI

En un lugar de la bella Málaga, allá por el año 1971 dos jóvenes amigos y empresarios cordobeses, José Cobos y Paco Campos, dejaron con añoranza su sin igual Mezquita de Córdoba y su colorido y universal Patio andaluz para aterrizar en el corazón de la Costa del Sol y sembrar toda su ilusión y buen hacer en una cariñosa y acogida tierra bañada por un embaucador Mar Mediterráneo alimentado por un apasionado sol. Una bella Málaga en el que el binazguero y cenachero saludaban y celebraran con primor la llegada de los turistas extranjeros que se quedaban estupefactos al oler y probar los sabrosos espetos de sardinas en las toledanas noches de plenilunio de verano. Un año que coincidía con la creación, no sin mucho esfuerzo, de la Universidad de Málaga.                                                                              El escenario elegido para poner su primera piedra fue el emblemático local conocido como “El Pimpi”. Un inmueble ubicado en la actual calle Granada, en pleno centro histórico sobre los prístinos restos de palacios nazaríes de la antigua madína de Mālaqa. Más tarde, ya en 1487, cuando los Reyes Católicos victoriosos pasearon por estas calles, pasaría a llamarse calle la Real. El terreno luego pasaría a formar parte de las caballerizas del Palacio de Buenavista. Con el paso de los años se convertiría en un convento y por último en una popular sala de fiestas por donde desfilaron diversas figuras del flamenco, como por ejemplo el trinitario Chiquito de la Calzada o la Repompa de Málaga, una cantaora gitana nativa del barrio del Perchel, hasta que por fin llegaron los dos empresarios que decidieron mantener su nombre primogénito. Un cautivador lugar situado a escasos metros del Museo Picasso, el Teatro Romano y la Alcazaba de Málaga; por donde han deambulado ilustres personajes como: la Reina Sofía, Carmen Thyssen, la Duquesa de Alba,  Manuel Alcántara, Antonio Banderas, etc. Y que para algunos literatos ha sido durante muchos años su locus amoenus como Antonio Gala o Gloria Fuertes que fue precursora de las tertulias llenando el Pimpi con sus grandes recitales poéticos en los archiconocidos “los Viernes de Gloria” recitados en el Palomar junto a José Infante. Un filón de oro que descubrieron José Cobos y Paco Campos en cuanto a la combinación asociativa de cultura, arte y literatura junto con el disfrute de la excelsa gastronomía andaluza y sus ricos y milenarios caldos apreciados en todo el mundo con denominación de origen; viñedos de Andalucía que están amparados por alguna de las siete denominaciones de origen establecidas: Condado de Huelva, Jerez, Málaga, Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda, Montilla-Moriles, Sierras de Málaga y Vino Naranja del Condado de Huelva entre más de una decena de otros Vinos de la Tierra con mención de Vino de Calidad. “El encanto de un lugar único” que tiene como máxima y conditio sine qua non para sus propietarios el lema: “No se entiende una reunión sin vino porque es lo que abre los corazones y los sentimientos”.                                                                                                                                              Seguro, que si retrocediéramos a tiempos inmemoriales ya sean fenicios o romanos, cargarían sus barcos de ánforas repletas del rico elixir malagueño. Un lugar de ensueño en el que a veces es difícil diferenciarlo de la realidad.

Un ejemplo de buena empresa familiar, como decía mi buen amigo baenense, el catedrático emérito José Javier Rodríguez Alcaide,  que ha unido dos familias al unísono y que ha demostrado con creces que la verdadera amistad es infranqueable con el paso del tiempo.

Ha sido un placer conocer in situ este legendario y embaucador bodegón ubicado en una “Málaga que es el anticipo del paraíso”, como señalaba Antonio Gala.

Recuerdo en mi memoria la sensacional fusión entre  el sabor dulce en mi paladar del inigualable vino de Málaga acompañado de unas finas lonchas de exquisito jamón de pata negra, mientras contemplaba con asombro los antiquísimos carteles de diferentes y épicas corridas de Toros que colgaban de las imponentes y blancas paredes.  Donde también me llamaba profusamente la atención un gran número de botas (barriles de vino) en el que aún rememoro dos frases célebres firmadas con amor con tiza en lugar de la pluma: “El Pimpi” Sabor de Málaga”, pintada por Danza Invisible, un famoso grupo torremolinense de raza y justo a su lado una emblemática frase escrita por el impertérrito  Manuel Alcántara: “Para el Pimpi que es la Capilla Sixtina de Málaga”, lo cual corroboro. Un lugar con rango de embajada custodiada y atendida por más de un centenar de, mayormente malagueños o de corazones andaluces, que miman con sumo cariño hasta el más nimio detalle para que el visitante se vaya con una sonrisa de oreja a oreja y vuelva pronto de nuevo a degustar su milenario elixir.                                                                              Pocos esperarían que este árbol que se plantó hace ya varias décadas se convertiría hoy día por motu proprio en uno de los pulmones que alimenta con pasión el corazón de Málaga. Un lugar sin igual en el que invito a todos lo que no lo hayan aún visitado a degustar su preciado caldo, además de charlar o filosofar con familiares o amigos, aunque eso sí, como decía Miguel de Cervantes en El  Quijote, “Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra”.                                                                                       Por último cierro este homenaje con una frase de Dante Alighieri: “El vino siembra poesía en los corazones” y un verso escrito ex profeso por esta humilde pluma para el Pimpi:

“El día que te visité por primera vez, me enamoré de ti                           y ahora que te he vuelto a ver no puedo vivir sin ti”.

 

Texto escrito por Marcos Antonio López Zaragoza (el escritor de Benalmádena) en colaboración con el Liceo Blas Infante de Torremolinos y la asociación ¿Yo? ¡Producto andaluz! con motivo del homenaje a la bodega El Pimpi de calle Granada en Málaga por fomentar la economía autóctona, la cultura y autoestima para Málaga en particular y para el pueblo andaluz en general promocionando Productos Andaluces.                            

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