La Catedral-Mezquita de Córdoba

                                                                                

Quizás haya sido por mi ignorancia o por culpa de una vaga imagen que tenía de la Catedral de Córdoba desde mi tierna infancia creyendo que ésta era un “puñado” de columnas puestas al libre albedrío que sujetaban unos arcos decorados con trazos rojos y beige. No fue hasta el pasado 12 de octubre de 2013 cuando mi vetusta visión quedó solapada y resulté maravillado de tan glorioso monumento. La verdad es que la Catedral de Córdoba, antigua Mezquita, es verdaderamente un testigo vivo de nuestra gloriosa historia.                                                           

Sobre esta Mezquita yacía en sus orígenes la basílica visigoda de San Vicente, basílica martirial del siglo VI que siguió siendo venerada siglos después por los cristianos después de la construcción de la Mezquita en el año 785 por Abderramán I. Éste se inspiró en la gran Mezquita de Damasco en la tradicional distribución en Sahn (patio de abluciones) y zullah (sala de oración). Aunque la influencia del arte hispanorromano sigue latente en la Mezquita. Después de varios cambios, tras la reconquista de Córdoba en 1236 por el rey Fernando III el Santo. Esta Mezquita es consagrada y se convierte en catedral recuperando así la fe cristiana. A partir de ahí se ejecutarán  varias reformas durante los siglos venideros. Como la Capilla Mayor, Crucero y Coro, y por las innumerables capillas que rodean la Mezquita en la que podemos destacar la Capilla Real, de yeserías mudéjares, que contuvo los restos de los reyes Fernando IV y Alfonso XI. También destacamos el Tesoro Catedralicio en la que destacamos la Custodia del Corpus Christi de Enrique de Arfe, que aún se procesiona  por las calles, testimoniando la devoción del pueblo cordobés por la Eucaristía. Éste impresionante tesoro ubicado en la capilla de Santa Teresa de más de dos metros y medio de altura labrado en oro y plata fina por el maestro, de origen alemán, Enrique Arfe  representa una catedral gótica de planta dodecagonal. Ésta está compuesta de dos cuerpos que albergan en un interior al viril y un grabado de la Virgen de la Asunción. En el siglo XX fue coronada con valiosos brillantes. Sin duda el mayor tesoro de la Mezquita, no de por sí por su valor en oro y brillantes, que lo es y mucho, sino por su valor histórico y patrimonial que es mayor; y con el paso de los siglos se quintuplica. Bien pudiera don Enrique haber sido santo porque sus manos parecían haber sido bendecidas por Dios. Un tesoro de incalculable valor del cual nos podemos sentir muy orgullosos que representa la gloria de nuestro imperio dorado en el mundo.                                                  

Durante la visita, una de las cosas que más me cautivó fue la distribución de arcos y columnas alienadas de una perfecta simetría difíciles de superar en su época. Las impresionantes columnas de macizo mármol estaban dispuestas de manera  precisa y premeditada. Otro lugar que no se puede dejar sin ver es el mihrab adornado con bellísimos mosaicos trazados de ornamentos. Las ampliaciones que se realizaron en el SXVI, aunque al principio no estuvieron exentas de polémica, la verdad es que nos muestras nuestra ideología cristiana y nuestra fe. Testimonio de ello lo podemos observar en los numerosos capiteles repletos de cuadros y obras de arte tallada con esmero por nuestros imagineros artesanos. El colmen de la gloria cristiana y su acercamiento a Dios lo podemos observar contemplando la Capilla Mayor, Crucero y Coro. Ésta última bóveda fue inspirada en la famosa Capilla Sixtina. Los dos impresionantes órganos a cada lado del crucero parecen acariciar el cielo. Seguro que cuando suena su música celestial sus notas te transportan al inmenso firmamento. En este lugar se puede observar toda la belleza cromática que  brindan a nuestros ojos su reluciente oro y adornos: madera noble tallada a mano, mármol, pinturas variadas, bronce, plata dorada… Si su misión era la de acongojar al  humilde feligrés, sin duda que lo habría conseguido. Los feligreses  y visitantes podrán disfrutar de sus numerosas capillas de diferentes personajes bíblicos para todos los gustos, bordeando la Catedral. Sin duda un lugar inolvidable, Patrimonio de la Humanidad. Testigo vivo de la capital del Al-andaluz y uno de nuestros estandartes de nuestra gloria pasada, ya perdida, aunque aún vive y perdura en nuestra tierra. Oráculo vivo de nuestra historia, si quieres visitar un lugar de leyenda, ciudad de ensueño y encanto, irrepetible y cuna de grandes científicos, filósofos y califas como Averroes, Maimónides, Abderramán… en una época inigualable en el que convivieron musulmanes, judíos y cristianos dando una riqueza cultural aún no superada hasta hoy. ¡No dudes más y visítanos! ¡No te arrepentirás!

Marcos Antonio López Zaragoza          

 

 

 

 

 

 

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