CASA PEPE LA JUDERÍA. DEDICATORIA DEL ESCRITOR MARCOS ANTONIO

                  

                                               CASA PEPE DE LA JUDERÍA

                              (El comienzo de una segunda historia de amor)

 

Ubicada en una legendaria y robusta casa sefardí la imponente y maravillosa fachada de la taberna-restaurante cautiva a los concurridos viandantes que la observan asombrados sin dejar de girar sus cabezas ni un solo instante. La agradable noche es armonizada por los indescriptibles efluvios que emanan de las numerosas flores de diversos colores que engalanan la majestuosa, pero sencilla y pulcra fachada bañada en tono azul y blanco como el cielo azul. Cuando vislumbré aquel lugar mi corazón me dio un vuelco y sentí que aquel sitio era sin duda el restaurante elegido que me recomendó mi sabio maestro Don José Javier Rodríguez Alcaide. No es de extrañar su sabiduría, aunque natural de Baena, posee la esencia de las personas más cultas de Córdoba capital, que han cabalgado durante el paso de los siglos hasta nuestros días, desde el gran Maimónides considerado la mayor figura posbíblica (según el proverbio “De Moisés a Moisés no hubo otro Moisés”).                                                                                                                         Una guapa y encantadora joven rubia de ojos azules, que me recordaba a las nereidas de la mitología clásica, nos atendió amablemente y nos invitó a entrar. Mis ojos no alcanzaban a captar los numerosos detalles y adornos que adornaban su aún más cautivador interior. Un joven y apuesto camarero nos condujo amablemente a una mesa que teníamos reservada. Para mi sorpresa, sin haberlo escogido, nos condujo a la zona superior del edificio que disponía de una acogedora terraza, típica andaluza, al estilo patio andaluz engalanada con bellas macetas y otras decoraciones. Miré a mi mujer y contemplé en su mirada un esbozo de felicidad, entonces comprendí que era un lugar de su agrado.                                                                                                                                                              Poco más de un minuto después, una guapa, simpática y educada joven, llamada Olga nos ofreció amablemente la carta. Se respiraba tranquilidad y belleza por todos los rincones. Mi rostro se quedó pálido cuando alce la vista  y contemplé en medio de la noche estrellada: “La torre de la Mezquita”. Era increíble el lugar donde estaba disfrutando de la cena esa noche. Había pasado varias veces de largo por Córdoba, pero hoy era la primera vez que la estaba disfrutando de lleno.                                                                                         Minutos más tardes,  ordenamos la cena a un simpático, apuesto, profesional y joven camarero que nos atendió maravillosamente llamado Sergio, de nacimiento madrileño, pero de corazón también Cordobés. Primeramente degustamos un buen fino de la tierra y a continuación pedimos un buen vino tinto. Mi maestro me había hablado muy bien de sus berenjenas con miel, su salmorejo y su estofado de rabo de toro entre otras comidas caseras y tradicionales de nuestra gastronomía andaluza, no por ello sin obviar para el deleite y disfrute de los más finos y sibaritas paladares. De hecho, averigüé más tarde que por aquí habían desfilado de los más variopintos personajes ilustres como el Duque de la Mezquita y Ángelo Roncalli  que fuera posteriormente el pontífice romano Juan XXIII entre otros. No se equivocó  en absoluto, mi mujer y yo disfrutamos de una inolvidable y romántica velada entre sonrisas y palabras. Degustamos, de entrante, unas deliciosas y crujientes berenjenas bañadas con miel de caña y un exquisito plato de salmorejo. De plato principal nos decidimos por una buena carne, un solomillo de ternera, que tan bien lo preparan, aunque nos quedamos con ganas de probar el sabroso estofado de rabo de toro. Ya por último, la guinda la puso los deliciosos postres caseros que elegimos de entre una gustosa variedad. Elegí un exquisito pastel de hojaldre relleno de membrillo y mi esposa un apetitoso mousse de chocolate. Sin duda esta cena era el preámbulo de una noche milenaria.

         Días más tardes y ya ubicado en mi Bella Málaga comprendí dónde había estado; y su verdadero valor patrimonial. Sin duda, un lugar excepcional e inolvidable para pasar una agradable velada durante todo el año, especialmente en las calurosas noches de verano, acompañando la conversación, al igual que en el restaurante-bodega el Pimpi en Málaga, con una exquisita gastronomía y una cuidadísima carta de vinos.

         Don José Jiménez Aroca conocido como “Pepe” y de raíces hosteleras compró la taberna a Manuel Criado propietario de la taberna el “Triunfo” en 1928.  Su fama no llegó por su ambición sino por su excelente cocina y su exquisito trato a clientes y amigos. Pasado los años se cambió el nombre de la taberna por Casa Pepe de la Judería regentándola hasta su muerte acaecida el 1 de agosto de 1985.

         Por suerte, esta tradición, aunque no continuó, ya que “Pepe” no tuvo hijos y sus sobrinos la vendieron, sí es llevada con acierto y esmero por su nuevo propietario desde 1994, el sumiller y empresario cordobés Miguel Cabezas Morón, que continúan llevando el sabor tradicional de los platos de toda la vida, preparados con pasión como en antaño lo hizo Pepe: Salmorejo Cordobés, Berenjenas con miel, Rabo de Toro a la Cordobesa…

Aunque Don Miguel Cabezas Morón no es familia de “Pepe”  y rompe el eslabón familiar como cuenta Don José Javier Rodríguez Alcaide en su libro de manual de economía  la Empresa Familiar. Don Miguel Cabezas lleva con maestría los valores de antaño y su gastronomía casera, dando muestra de su buen hacer al igual que lo hizo “Pepe de la Judería”. Éste fue un hombre querido y admirado por los cordobeses. Poseía un talante humilde y generoso y derrochaba honestidad y humanidad por doquier por donde pasaba; Pepe representaba el espíritu de la vieja Córdoba que la hacía distinguirse de otros lugares de nuestra esplendida Andalucía y del resto de España.

Como Miguel Cabezas muy bien definió en el cierre de exposición de su II Simposio del Salmorejo Cordobés realzando el esfuerzo que productores y empresarios de la hostelería que realizan en favor de la calidad. Miguel Cabezas ilustró este concepto  de calidad y excelencia de manera ejemplar elogiando con unas imborrables palabras del recordado “Pepe de la Judería”: “Hoy no se sirve pescado, porque no me ha gustado lo que hay en la plaza”. Estas palabras definen el pensamiento de ambos propietarios y al igual que ello yo opino lo mismo. Antes de ser escritor he trabajado durante numerosos años en la restauración y sé que es preferible ganar algo menos de dinero pero no bajar nunca en calidad y servicio. Y siempre darle lo mejor al cliente. De esta manera, el cliente que te conozca nunca te abandonará y siempre será fiel hasta que tú quieras que sea. A corto plazo a lo mejor no te reportará muchos beneficios económicamente, pero sin duda a largo plazo saldrás ganando en todos los sentidos. La vida no es tan solo el dinero sino la satisfacción personal y el buen hacer.

Por último, quiero recomendar a todos los románticos viajeros y personas que desean de degustar la verdadera gastronomía cordobesa, que no duden en visitarla si algún día tienen la oportunidad de pisar esta legendaria y acogedora tierra. Sin menospreciar al resto de las maravillosas tabernas y restaurantes que inundan las inalterables y bellas calles Cordobesas, si renaciera de nuevo Maimónides, seguramente que visitaría la Casa Pepe sin lugar a duda.

Termino estas sinceras palabras con un brindis por Córdoba, mi Málaga la Bella y por Andalucía.

 

Marcos Antonio López Zaragoza

  Benalmádena, 15 de octubre de 2013.

 

 

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